Fundación D+D. Proyecto para el área energética

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En concreto, dos problemas azotan la situación energética argentina: la agudización de la pérdida del autoabastecimiento y, por ende, del suministro de recursos hidrocarburíferos y el crecimiento constante de las necesidades de importación de combustibles líquidos para paliar esa brecha. Esto configura una coyuntura de crisis en el sector, producto de la acumulación de una serie de debilidades que se han agravado en los últimos años.

En tal sentido, no son dólares lo único que falta. La situación energética nacional está caracterizada por un escenario de escasez en materia de hidrocarburos, con niveles de reservas y extracción en franca declinación y con la consolidación de una estructura de toda la cadena energética fuertemente controlada por la presencia de pocos jugadores con peso específico importante que determinan- y profundizan- el esquema de vaciamiento y desinversión crónica que ha convertido en estructural la vulnerabilidad energética del país.

Esta grave problemática estructural, ha comenzado a ser tímidamente enfocada a partir de la recuperación del control estratégico de la principal empresa hidrocarburífera del país, YPF S.A., lo cual ha permitido- en tan sólo tres años- mostrar un horizonte productivo que, de corroborarse en el tiempo, podría frenar el actual proceso de estancamiento productivos y descapitalización en materia de reservas, aspectos que caracterizan la declinante evolución del sector.

Sin embargo, estas políticas conviven con criterios de regulación pública sobre el sector que, además de ser deficientes e ineficaces, terminan convalidando estrategias de captación de excedentes y de rentabilidad en dólares, por parte del resto de las empresas de la actividad, lo cual provoca que, más allá del importante avance de YPF S.A., el conjunto del sector se vea atravesado por la agudización de condiciones de funcionamiento más bien rentísticos que productivos.

Por ende, desde la problemática de la evolución de los precios del sector en todos los eslabones de la cadena, hasta el establecimiento de patrones de decisión profundamente discrecionales que se mueven al compás del cortísimo plazo y terminando en las insuficiencias estructurales que se observan no sólo en materia de hidrocarburos sino en el subsector eléctrico- con graves falencias en el segmento distribución, lo cual ha afectado decisivamente la vida de miles y miles de argentinos a través de vastos cortes de luz que han quintuplicado las frecuencias y tiempos de duración en los últimos diez años-, el cuadro general nos deja un escenario muy complejo, sobre el que resultará necesario adoptar esquemas de intervención de corto, mediano y largo plazo en materia de política pública energética.

En este marco, si se observa el debate sobre la problemática energética en la coyuntura electoral de 2015 entre las PASO de agosto y las elecciones de octubre y el balotaje de noviembre, el mismo parece haber quedado encapsulado entre la posición del kirchnerismo que se ha centrado en el objetivo de la recuperación de la soberanía hidrocarburífera a través de la nueva “joya estratégica” de los recursos no convencionales en Vaca Muerta y las opiniones de los ex Secretarios de Energía, emitidas en distintos documentos, en los que se hace hincapié en las críticas a la imprevisión y falta de planificación de la política energética del kirchnerismo, al tiempo que se proponen líneas de acción alternativas hacia la diversificación de la matriz energética y la generación de condiciones favorables para que la Argentina “vuelva al mundo”, lo cual trae al presente los ecos de los tiempos de apertura, desregulación y privatización de comienzos de los ’90 en lo que respecta a la política energética.
En ese escenario, estamos convencidos que resulta fundamental reencauzar la planificación y formulación de políticas en el sector hidrocarburífero, en orden a volcar una parte relevante de la renta económica del sector, en la reformulación general de la política energética, de modo de hacer posible, vía la continuidad y consolidación del control estratégico de YPF, un viraje que nos permita poner los recursos energéticos al servicio de un nuevo proyecto de desarrollo interno que, además de resolver el cuello de botella estructural planteado por la pérdida del autoabastecimiento y el fenómeno de la restricción externa, genere las condiciones para una diversificación paulatina de la matriz energética y la consolidación de políticas de ahorro y eficiencia energéticas en los sectores público y privado.

Se trata, entonces, de poner en cuestionamiento central el tipo de modelo energético vigente, que sigue pensando a los bienes comunes de la energía desde una matriz productivista y exportadora, que no permite generar las condiciones para repensar un proyecto energético que establezca nuevas prioridades ligadas no sólo al suministro estable y confiable en el tiempo, sino a la sostenibilidad medioambiental, al acceso universal y al mejoramiento de la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

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